Vivir con integridad

Vivir con integridad

Lee 1 Tesalonicenses 4:11–12

Si bien muchas personas asocian el éxito con la acumulación de riqueza o prestigio, una mujer tuvo un sueño diferente. Después de años de ser infeliz en su prestigioso trabajo gubernamental de alta presión, vendió su casa en los suburbios y se mudó al campo. ¿Su ambición? El abrir una granja. Para ella, vivir una vida más tranquila y sencilla era la mayor recompensa.

En el pasaje de hoy, Pablo habla de las virtudes del trabajo duro y de vivir una vida de integridad tranquila. En realidad, esta es una extensión más de la virtud de amarse unos a otros (ver el devocional de ayer). Pablo, por ejemplo, había demostrado amor trabajando duro para no ser una carga para la iglesia joven (1 Tesalonicenses 2:9). No había sido demasiado orgulloso como para trabajar con las manos, y tampoco debían serlo ellos.

Una “vida tranquila” no significa necesariamente mudarse al campo. Puede describirse como alguien que se ocupa de sus propias responsabilidades (4:11), en lugar de entrometerse en los asuntos de los demás. Tal persona es pacífica y respetuosa con los demás, no alguien que crea problemas. Una ética de integridad individual en este sentido no contradice la naturaleza interdependiente y orientada hacia la comunidad de la iglesia. Más bien, ambas son verdaderas simultáneamente.

Esta ambición piadosa produce dos resultados (v. 12). Primero, una vida así gana el respeto de la gente alrededor y, por lo tanto, ayuda a dar testimonio cristiano a un mundo que observa. En segundo lugar, la autosuficiencia o el no depender de los demás es una virtud en sí misma. A veces, todos necesitamos ayuda, y se nos ordena llevar las cargas de los demás (Gálatas 6:2), pero la ociosidad y el aprovecharse de los demás desagrada al Señor.

¿Por qué fue necesario este recordatorio? Parece que algunos creyentes tesalonicenses vivían de la caridad de los miembros ricos de la iglesia. Cualquiera que sea el caso, no tomaron esta sugerencia en serio y Pablo tuvo que abordar este problema con más severidad en su próxima epístola (ver 2 Tesalonicenses 3:6–12).

  • Hoy, considera tu propio equilibrio entre el trabajo y la vida. ¿Cuál es tu ambición personal? ¿Cómo te desafía este pasaje?

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