Lee Isaías 61
En español tenemos muchos dichos relacionados con la ropa. Por ejemplo: cuando necesito hacer un trabajo, “me arremango las mangas”. Cuando me pongo mi mejor atuendo, digo que “me visto de punta en blanco”. Cuando no me alcanza para comprar lo que necesito “me aprieto el cinturón”. Si me veo en un algún tipo de problema: “me meto en camisa de once varas”.
En Isaías 61, la ropa también se usa en sentido figurado, pero aquí indica transformación espiritual. Es parte del ministerio del Mesías. En “el año del favor del SEÑOR”, Él proclamará buenas nuevas a los pobres, vendará a los quebrantados de corazón y proclamará libertad a los cautivos y libertad a los prisioneros (vv. 1–2). Jesús citó estos versículos cuando comenzó Su ministerio público, anunciando: “Hoy se cumple esta Escritura en presencia de ustedes” (ver Lucas 4:16–21).
El evangelio de Cristo convierte las malas noticias de la caída en buenas noticias de redención (vv. 2–3). El duelo se convierte en alegría. Las cenizas se convierten en una corona de belleza. El “espíritu de desaliento” es reemplazado por un “traje de alabanza” (v. 3). Si bien algunas de las promesas que siguen (vv. 4–9) se cumplieron con el regreso del exilio y la reconstrucción del templo, otros cumplimientos aún están en el futuro, desde nuestra perspectiva en el tiempo.
Como esposa de Cristo, hemos sido vestidos con “ropas de salvación” y “el manto de la justicia” (vv. 10–11). Cuando el novio regrese, “el día de la venganza de nuestro Dios” (v. 2), todos se regocijarán porque por fin habrá llegado el día de la boda. Pablo también escribió sobre esta verdad: Gracias a la victoria de Cristo sobre la muerte, lo corruptible será revestido de lo incorruptible y lo mortal de inmortalidad (1 Corintios 15:53–54).
- ¿Qué ha sido transformado en tu propia vida o en tu familia por el evangelio? ¿Dónde estarías sin Él? ¿A quién conoces que necesite escuchar estas buenas noticias?
Ora con nosotros
Señor, cuánto anhelamos el día de Tu regreso, el día en que recibiremos vestiduras incorruptibles y seremos revestidos de inmortalidad. Nuestro glorioso Esposo, mantén a Tu novia vigilante y orando. ¡Ven, Señor Jesús!
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