UN NUEVO PACTO

UN NUEVO PACTO

Lee Hebreos 8:1–7

A veces es difícil desprenderse de un artículo muy querido, incluso si la nueva versión es mejor. Por ejemplo, un jugador de béisbol podría negarse a reemplazar su guante favorito. Un guitarrista puede apreciar una guitarra durante toda su vida y rechazar una absolutamente nueva.

En la parábola de los odres, Jesús observó que “nadie que haya bebido vino añejo quiere el nuevo, porque dice: ‘El añejo es mejor’” (Lucas 5:39). El pasaje de hoy nos ayuda a entender por qué era necesario un nuevo pacto. Jesús vino a promulgar un nuevo pacto ya que el primero no era perfecto (v. 7). Aprendimos que la ley nunca fue diseñada para ser una solución permanente al problema del pecado de la humanidad. Más bien, apuntaba a algo mayor.

La diferencia entre la ley de Moisés y el ministerio de Jesús es la diferencia entre un original y su copia. Las características del sacerdocio aarónico con su santuario y sacrificios eran copias del “verdadero santuario levantado por el Señor y no por ningún ser humano” (v. 2). Dios ordenó estos elementos de adoración bajo la ley de Moisés, pero eran simplemente una “copia y sombra del que está en el cielo” (v. 5).

Dios pretendía que la ley diera paso a la gracia que viene a través de Cristo. El sacerdocio de Jesús es superior al sacerdocio aarónico. Su sacrificio tuvo un resultado más duradero. El pacto que Jesús puso en vigor mediante Su ministerio es “superior al antiguo, puesto que se basa en mejores promesas” (v. 6).

A algunas personas les resultaba difícil aceptar que el antiguo ministerio de la ley debía dar paso al nuevo ministerio de la gracia a través del sumo sacerdocio de Cristo. Estuvieron tentados a decir: “Lo viejo es mejor”. Pero la ley solo debía ser una señal, no una solución.

  • ¿Por qué crees que los creyentes del Nuevo Testamento lucharon por separarse de las viejas costumbres? ¿Por qué la ley no pudo ser una solución permanente a nuestro problema de pecado?

Ora con nosotros

Señor, celebramos Tu promesa que nos has hecho: “¡Yo hago nuevas todas las cosas!” (Apocalipsis 21:5). Promulgaste un nuevo pacto y nos diste libertad para vivir bajo la gracia, no bajo la Ley. Te pedimos Tu guía en este camino angosto.

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