Un mensaje de esperanza

Un mensaje de esperanza

Lee 1 Pedro 1:3–9

La mayoría de los fanáticos del deporte siempre esperan que su equipo gane el campeonato. Tiene esa esperanza, aunque se dan cuenta de que solo un equipo puede llevarse el trofeo a casa. La palabra esperanza tiene varias acepciones. Puede ser un simple deseo basado en una ilusión, como cuando deseamos que nuestro equipo gane el campeonato y está al final de la segunda división. También podemos ejercitar “la esperanza” como una expectativa más segura de que algo sucederá, si nuestro equipo juega hoy la final del campeonato. Para los cristianos, la esperanza que Cristo nos da a través de Su resurrección no es un deseo ilusorio, sino una expectativa segura de lo que sabemos está por venir, por lo que ya ha sucedido.

Pedro explica que a los creyentes en Cristo se les da un nuevo nacimiento en una esperanza viva (v. 3). Es similar a la idea de Pablo en 2 Corintios 5:17 de que cuando uno confía en Jesús, se convierte en una “nueva criatura”. Se nos da una nueva vida y nueva identidad. En el versículo tres, Pedro usa esperanza con la conotación de certeza. Este mensaje de esperanza es más que algo que queremos o una ilusión. Pedro nos asegura que esta esperanza viva es una expectativa que debe alegrarnos y llenarnos de confianza.

Pedro continúa en el versículo cuatro para decir que el nuevo nacimiento también nos da una herencia eterna. Eso nos asegura que estaremos unidos a Cristo para siempre. A diferencia de cualquier herencia terrenal que podamos recibir, esta herencia eterna nunca perecerá, no se estropeará ni se marchitará, gracias a la omnipotencia y supremacía de Dios (vv. 4­–7). La resurrección de Cristo de entre los muertos nos da completa confianza en que esta esperanza durará por toda la eternidad. Las ideas de una esperanza viva y una herencia eterna fueron parte de un mensaje completamente nuevo para aquellos primeros creyentes (vv. 8–9). Ahora, tenemos el honor de recibir esa misma esperanza llena de certeza y compartirla con otros. Recuerda que tu esperanza en Cristo no es una ilusión, sino una expectativa segura de lo que está por venir.

  • Cuando ponemos nuestra esperanza en las cosas y las personas, a menudo nos sentimos decepcionados. ¿Cómo se compara tu esperanza en Cristo con tu deseo ilusorio para las cosas de este mundo?

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