¿TIENE SENTIDO LA VIDA?

¿TIENE SENTIDO LA VIDA?

Lee Eclesiastés 1:1–2

A primera vista, el libro de Eclesiastés puede parecer tener una visión pesimista de la vida. ¿Por qué todo un libro de la Biblia diría que nada tiene sentido? Pero seguramente muchos de nosotros podemos identificarnos con el sentimiento. Cuando la vida es difícil, podemos preguntarnos: “¿Cuál es el propósito de esto?” o “¿Para qué estoy aquí?” Pero el mensaje de Eclesiastés es este: la vida con Dios no carece de sentido.

La palabra traducida “sin sentido” es hebel en hebreo; aparece casi 40 veces en Eclesiastés. Se ha traducido negativamente desde que Jerónimo usó vanitas (“vanidad”) en su Vulgata latina. Pero en hebreo significa “aliento” o “vapor” y se usa metafóricamente para referirse a cosas que no producen los resultados previstos. Curiosamente, el nombre “Abel” también se deriva de la palabra hebel. En Génesis 4, vemos un ejemplo temprano del mundo trastornado en el que vivimos ahora. Abel, siendo justo, recibió la maldición de la maldad: una vida corta, sin familia, sin tierra, sin riqueza. Mientras que su hermano Caín, actuando con maldad, recibió la bendición de la justicia: una larga vida, una familia numerosa, tierras y riquezas.

Este mundo trastornado es a lo que se refiere el Maestro cuando llama a algo hebel. La vida ha sido trastornada por el pecado. Todos hemos experimentado esto. A veces el corredor más rápido no gana la carrera (Eclesiastés 9:11). A veces hay maldad donde debería haber justicia (Eclesiastés 3:16). Y la muerte física viene para todos nosotros, pecadores o no (Eclesiastés 9:2).

Cada vez que veas la palabra “vanidad” en Eclesiastés, intenta insertar la frase: “como Abel”. Eclesiastés es una evaluación honesta de la vida “bajo el sol”. También es una sólida reflexión teológica sobre cómo navegar este mundo: viviendo en una relación correcta con Dios y disfrutando de Sus dones.

  • Lee la historia de Abel en Génesis 4. ¿Qué ha sido “como Abel” en tu propia vida?

Ora con nosotros

¿Todo carece de sentido? En este mundo estropeado por el pecado, puede parecer que sí. Pero Tu Palabra, Señor, nos da aliento y gran gozo: que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros y nos dio vida, paz y libertad. ¡Aleluya!

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