SOLO SU SANGRE

SOLO SU SANGRE

Lee Hebreos 9:1–14

Un antiguo himno pregunta: “¿Qué me puede dar perdón?” ¿La respuesta? “Sólo de Jesús la sangre”. En el capítulo 9, el autor de Hebreos explica cómo Jesús cambió, de una vez por todas, la forma en que se perdonan nuestros pecados. Los lectores de Hebreos habrían estado muy familiarizados con las leyes que Moisés prescribió con respecto a las “normas para el culto” y “un santuario terrenal” en forma de tienda o tabernáculo (v. 1). Estas fueron las leyes dadas a Moisés, diseñadas y ordenadas por Dios (Éxodo 25:9, 40).

Hasta ese momento, el tabernáculo había representado la presencia de Dios con Su pueblo. El tabernáculo estaba dividido en dos habitaciones: una habitación exterior llamada el lugar santo y otra habitación detrás de una cortina llamada el lugar santísimo (vv. 2–3). En el lugar santo, los sacerdotes cuidaban el candelabro y una mesa con doce panes consagrados (Éxodo 25:23–40). El lugar santísimo estaba cerrado a todos excepto al sumo sacerdote, que sólo podía entrar una vez al año (v. 7). Ninguna persona común y corriente podía entrar en ese lugar sagrado.

Esto nos ayuda a comprender mejor por qué el sacrificio de la ley no pudo resolver nuestro problema de pecado. Estas regulaciones enfatizaron la separación de la humanidad de Dios. Tampoco podían “perfeccionar la conciencia de los que celebran ese culto” (v. 9).

Jesús vino “al presentarse como sumo sacerdote de los bienes definitivos” (v. 11). Llevó a cabo Su ministerio “en el santuario más excelente y perfecto, no hecho por manos humanas (es decir, que no es de esta creación)”. Jesús no vino a la presencia de Dios con un sacrificio de toros o machos cabríos. En cambio, Él “se ofreció sin mancha a Dios” (v. 14). Jesús es la respuesta definitiva de Dios a la pregunta de nuestro pecado. ¿Cómo podemos venir a la presencia de Dios con la conciencia tranquila? ¿Qué nos permite servir libremente al Dios vivo? ¡Solo de Jesús la sangre!

  • ¿Qué límites pusieron las regulaciones de adoración y el diseño del tabernáculo al acercamiento de una persona común a Dios? ¿Cómo Jesús cambió eso por nosotros?

Ora con nosotros

Señor Jesús, mientras leemos en el pasaje de hoy acerca de nuestra redención por Tu sangre, nos postramos ante Tu sacrificio y oramos las palabras del autor del himno: “Esta es toda mi esperanza y mi paz: nada más que la sangre de Jesús” (Robert Lowry, 1876).

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