Lee 1 Pedro 4:7–11
Mi esposa y yo amamos hospedar a estudiantes universitarios en nuestro hogar. Al menos una vez al mes, tratamos de invitarlos a una comida, juegos o una noche de película. Realmente, mi esposa merece la mayor parte del crédito. Pasa toda la semana preparándose para las pocas horas que pasaremos con los estudiantes porque quiere que se sientan amados y bienvenidos. Tiene el don de la hospitalidad. En el pasaje de hoy, Pedro nos recuerda que incluso si no tienes el don espiritual de la hospitalidad, debes esforzarte por ser hospitalario con los demás.
La mención del juicio en los versículos 5 y 6 le recordó a Pedro que el fin está cerca (v. 7). Los creyentes deben amarse unos a otros profunda o fervientemente (v. 8). En otras palabras, con cada fibra de su ser, como un atleta que usa cada músculo para ganar, debemos amarnos los unos a los otros. La mente de Pedro se dirige inmediatamente a la hospitalidad. En este versículo, hospitalidad significa literalmente “amante de los extraños” (v. 9).
Este amor por los extraños fue extremadamente importante en el primer siglo porque los viajeros, como los portadores de cartas, los pastores, los maestros y los misioneros, dependían en gran medida de la hospitalidad de los extraños. Además, cuando las personas llegaban la fe, las familias se separaban o los creyentes necesitaban un lugar seguro para quedarse, confiaban unos en los otros. No habían mesones en todas partes y los seguidores de Jesús a menudo eran investigados y perseguidos por su fe.
Pedro dice que usemos dones de servir (v. 10) o los dones de hablar (v. 11) para amarnos más unos a otros. Independientemente del don o de la acción, el resultado debe ser el mismo: que Dios sea alabado y glorificado (v. 11).
- Considera cómo puedes ser hospitalario con alguien hoy, esta semana o tal vez este mes. ¿A quién podrías recibir en tu casa? ¿A quién podrías regalar consuelo o ayuda? Ora por la persona y la oportunidad correctas.
See omnystudio.com/listener for privacy information.





