PRÍNCIPE DE PAZ

PRÍNCIPE DE PAZ

Lee Isaías 9:1–7

Durante más de cuatro décadas, mi esposa y yo hemos convertido en una tradición navideña el escuchar El Mesías de Handel. Uno de mis momentos favoritos es cuando el coro canta el texto de Isaías 9:6: “Y se le darán estos nombres: Consejero Admirable, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”.

Isaías habla de la promesa de un “niño” y un “hijo” que también sería el heredero de David (vv. 6–7). La certeza de esta promesa se ve subrayada por el uso que hace el profeta del tiempo pasado. Los cuatro nombres que se le dan al niño en el v. 6 revelan que este niño prometido será más que un gobernante común. Se le llama “Admirable, Consejero”. Algo admirable es extraordinario o inusual. No solo es maravilloso este consejo, sino que Él es admirable en Sí mismo.

Una cosa que distingue a este gobernante de todos los demás es su origen divino. Dios no solo lo envía. Él es Dios que ha asumido una naturaleza humana sin dejar de ser Dios. Anticipándose a la revelación más completa de la Trinidad en el Nuevo Testamento, Isaías describe a este niño prometido como “Padre Eterno”. El Evangelio de Juan explicaría más adelante las implicaciones de este título sorprendente al llamar a Jesús el Verbo que estaba con Dios, que fue enviado por Dios y que era Dios (Juan 1:1, 14, 6:46). Jesús, que se distinguió del Padre, también dijo que Él y el Padre eran uno (Juan 10:30).

Su naturaleza única le permite a Jesús brindar paz más allá de la política (v. 7). Ya que se hizo como nosotros, puede simpatizar con nosotros, así como también salvarnos. Jesús prometió darnos una paz que el mundo no puede igualar (Juan 14:27). Como Mesías, traerá paz a Israel. Como redentor, Su reinado trae paz a todo el mundo. Como el Salvador que muere por el pecado, este niño prometido trae paz con Dios a todos los que confían en Él.

  • Lee nuevamente los títulos dados a Jesús, esta vez detente para reflexionar sobre cada uno. ¿Cuál de estos títulos habla de tu propia necesidad hoy?

Ora con nosotros

Consejero Admirable, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz . . . Tus nombres, Señor, en Isaías capítulo 9 nos llenan de asombro y gratitud. Gracias, Jesús, porque no nos dejaste huérfanos, sino que vives en nosotros y con nosotros.

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