PERSEVERAR EN LA FE

PERSEVERAR EN LA FE

Lee Génesis 39:7–23

¿Alguna vez te has metido en problemas por hacer lo correcto? Después de ser vendido como esclavo y luego comprado por un egipcio rico, José había florecido. También llamó la atención de la esposa de su amo (v. 7). A diferencia de su hermano Judá, que no se contuvo cuando fue tentado (Génesis 38:15–16), José fue un modelo de integridad.

En respuesta a la propuesta de la esposa de Potifar, José pronunció un discurso (vv. 8–9). Él le dijo que no podía traicionar a su amo. Pero aún más importante, le dijo que quería hacer lo correcto ante Dios: “¿Cómo podría yo cometer tal maldad y pecar así contra Dios?” (v. 9). Con todo lo sucedido, podríamos habernos preguntado si José todavía mantenía fe en Dios. Su respuesta nos asegura que sí. Quizás todavía estaba esperando que Dios cumpliera sus sueños de las gavillas y las estrellas (Génesis 37).

En respuesta, la esposa de Potifar acusó falsamente a José y lo envió a prisión (vv. 14–20). José había actuado con sabiduría y fe, pero su “recompensa” fue la cárcel. Una y otra vez en las Escrituras notamos que los justos sufren. Después de ser ungido rey, David tuvo que huir de Saúl para salvar su vida. El profeta Elías fue perseguido por el rey Acab y Jezabel. Y en el Nuevo Testamento, Pablo y Silas fueron encarcelados por predicar el Evangelio. Dios no les impidió sufrir, pero estuvo con ellos a través de ello (vv. 21–23).

En un mundo que gime bajo el peso del pecado, caminar con Dios significa confiar en que Él está con nosotros en la decepción, el dolor y la pérdida. El apóstol Pedro nos recuerda: Para esto fueron llamados, porque Cristo sufrió por ustedes y les ha dado ejemplo para que sigan sus pasos” (1 Pedro 2:21).

  • ¿Qué podemos aprender de la respuesta de José a la esposa de Potifar? ¿Ha habido temporadas difíciles en tu vida que puedas recordar y ver cómo Dios estuvo contigo?

Ora con nosotros

Jesús, danos fuerza para perseverar en la fe. Abre nuestros ojos para ver Tu amor y cuidado ilimitados: “El profundo amor de Cristo/Es inmenso, sin igual;/Cual océano sus ondas, /En mi fluyen, gran caudal.
Me rodea y protege/La corriente de Su amor” (Francis, 1898).

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