Lee Santiago 5:13–18
Cuando estás enfermo, llamas al médico. Cuando tus tuberías tienen una fuga, llamas al plomero. Si tus luces no funcionan, llamas al electricista. ¿A quién llamas cuando tienes necesidades espirituales? En Santiago 5:14 se nos dice que llamemos a “los ancianos de la iglesia”.
Ciertamente podemos orar por nosotros mismos cuando enfrentamos problemas. Esto es lo que el versículo 13 nos dice que hagamos. Pero a veces, nuestros problemas son tan grandes que necesitamos el apoyo en oración de otros. El ejemplo específico que da Santiago es el de la enfermedad. El hecho de que los ancianos deban ser llamados puede indicar que el que necesita oración está demasiado enfermo para acudir a ellos. El versículo 15 muestra que la oración puede marcar la diferencia en tales circunstancias. Oramos por los enfermos porque Dios es capaz de levantarlos.
Santiago también dice que Dios perdonará en respuesta a la oración, lo que indica que la enfermedad a veces es consecuencia de la disciplina divina. Pero su lenguaje condicional deja en claro que la enfermedad no siempre es una señal del juicio divino. Además de la oración, los ancianos deben ungir con aceite. Este acto simboliza el papel del Espíritu en la curación. Es Dios quien salva y resucita. El aceite no tiene poder curativo inherente. De hecho, Santiago ni siquiera dice qué tipo de aceite debe usarse, ni prescribe una forma particular de oración, excepto para decir que deben hacerlo “en el nombre del Señor” (v. 14).
La humildad es un requisito previo para la oración eficaz. Los que oran de la manera prescrita por Santiago deben confesarse sus pecados unos a otros y orar unos por otros. Lejos de ser un ritual vacío, la oración por los demás es “poderosa y eficaz” (v. 16).
- Al igual que Elías, los grandes guerreros de la oración en la historia de la iglesia han sido personas comunes y corrientes que creían en el poder de la oración. Este mismo poder está disponible para ti hoy.
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