Levantaré mis ojos

Levantaré mis ojos

Lee Salmos 123–124

Es fácil que nuestra vida de oración se convierta en una serie de peticiones: “Dios, ¿puedes ayudarme con X.… puedes traer sanidad a Y.… y así sucesivamente?” Este no es necesariamente algo malo. Jesús nos invitó, “Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá” (Mateo 7:7). El problema surge cuando comenzamos a visualizar nuestra relación con Dios como un cliente a un vendedor o un supervisor a un subordinado.

El Salmo 123 nos recuerda cuál es nuestra posición ante Dios. No menospreciamos a Dios ni lo vemos como un igual. En cambio, el salmista proclama: “Hacia ti dirijo la mirada, hacia ti, cuyo trono está en el cielo” (v. 1). Dios está en sentado en Su trono sobre el universo. Nuestra relación con Él es de siervo a amo (v. 2). Ser hijo de Dios significa esperar en Él, atender Su palabra y obedecer. Estamos a Su servicio.

Ser siervo de Dios tiene beneficios. Podemos esperar que Él escuche cuando llamamos. El salmista había sido ridiculizado y burlado por los engañadores (v. 4). Ya que el salmista era el siervo de Dios, esto también era un problema para Dios. ¿Permitiría Dios que Su siervo fuera tratado mal? Podría ser que Dios tenía Su propio propósito para esta situación. Pero este Salmo nos muestra que es apropiado pedirle a Dios que intervenga cuando enfrentamos una situación difícil.

El Salmo 124 continúa con este tema de clamar a Dios para que nos libere de un enemigo. Sólo Dios podía salvar a Israel. Fueron librados porque servían al “creador del cielo y de la tierra” (v. 8).

  • Estos salmos nos recuerdan que Dios es el soberano y nosotros Sus siervos. Dependemos de Él para todas las cosas. Pero también se preocupa profundamente por nosotros. Sea lo que sea que estés enfrentando hoy, puedes acudir a Dios y saber que Él se preocupa.

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  • El poder de uno

    El poder de uno

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