La Palabra de Dios santifica

La Palabra de Dios santifica

Lee 1 Timoteo 4:1–8

Cuando nos mudamos a una casa nueva, mi familia y yo oramos por ella habitación por habitación. Dedicamos cada cuarto al Señor, pedimos que fuéramos conscientes de Su presencia y lo invitamos a que nos cuidara y proveyera. Queríamos recordar que, en última instancia, la casa era de Dios, no nuestra.

La Palabra de Dios y la oración santifican. La palabra “santificar” significa “declarar que algo es santo”, “apartar algo como sagrado” o “encomendar algo a propósitos divinos”. Todo lo que Dios creó es bueno, aunque el pecado pueda corromperlo o no manejemos bien Sus buenas dádivas (vv. 4–5). La Palabra de Dios y la oración son nuestras mejores herramientas para recibir las bendiciones de Dios de la manera que Él desea. Nos ayudan a santificar o dedicar a propósitos piadosos cosas que de otro modo podríamos malgastar o abusar.

El contexto de este principio es una enseñanza falsa que decía lo contrario (vv. 1–3). Pablo argumentó que la enseñanza falsa a final de cuentes proviene del reino demoníaco (ver también Efesios 6:12). Los falsos maestros que tenía en mente promovían formas de legalismo en temas como el matrimonio y la comida. Ya que eran “embusteros hipócritas”, ni siquiera vivían de acuerdo con sus propias enseñanzas (v. 2). Probablemente eran gnósticos, personas que creían que el mundo material es malo.

¿Cuál es el error en eso? Dios creó el mundo material y repetidamente lo pronunció “bueno” (Génesis 1). El matrimonio y la comida son por lo tanto dones “para que con acción de gracias participen de ellos los que creen y que han conocido la verdad” (v. 3). En otras palabras, el rechazo es tan malo como la indulgencia. La consagración a través de la Palabra de Dios y la oración asegura que disfrutemos los dones de Dios para Su gloria y no para la nuestra, y que siempre valoremos al Dador por encima de los dones.

  • ¿Cómo puedes consagrar tu vida a Dios? Algunos de nosotros oramos antes de la comida, tal vez demasiado rutinariamente. Hoy, trata de refrescar esta práctica y recibe el regalo de la comida con sincera gratitud e incluso en actitud de adoración.

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