Lee Juan 4:7–42
Todos usamos etiquetas, etiquetas relacionadas con nuestras relaciones, nuestras ocupaciones, nuestros pasatiempos, nuestras virtudes, incluso nuestros defectos. Algunos son una fuente de orgullo; otros tratamos de olvidar. ¿Cuáles son algunas de tus etiquetas?
Una tarde, una mujer samaritana fue al pozo. Probablemente fue durante el calor del día para evitar a los demás, ya que tenía mucha vergüenza. Ella debe haber estado sorprendida de encontrar a un hombre judío allí, y aún más cuando Él le pidió un poco de agua.
“Tú eres judío y yo soy samaritana”, respondió ella (v. 9). Nota que ella comenzó con etiquetas y creyó la mentira que venía con ellas. Pero Jesús respondió con verdad y gracia. Se enfocó en Su identidad y Su regalo para ella (v. 10). Despertó el interés de la mujer y ella reveló su anhelo. Sin embargo, ella continuó interrogándolo. “Ni siquiera tienes con qué sacar agua”, señaló. “¿Acaso eres tú superior a nuestro padre Jacob” (vv. 11, 12). Mientras ella se enfocaba en cosas físicas como la jarra que faltaba y el pozo profundo, Jesús quería saciar su sed espiritual y darle vida eterna.
Cuando la mujer finalmente pidió esta agua, Jesús le dijo que buscara a su esposo. Cuando ella respondió que no tenía ninguno, Jesús demostró que sabía todo acerca de ella. Él la llamó a la verdad y nuevamente le ofreció Su gracia. Cuando la mujer declaró que sabía que el Mesías vendría, Jesús proclamó: “Ese soy yo, el que habla contigo” (v. 26).
Solo una conversación con Jesús cambió la vida de la mujer samaritana. Dejó el pozo, buscó a su comunidad, disfrutó ser conocida por Jesús y fue utilizada por Él para llevar a otros a la fe.
- ¿Cuáles son tus etiquetas? ¿Qué mentiras crees? ¿Qué anhelos tienes que nunca se satisfacen? Llévalos todos a Jesús y recibe el Agua Viva que Él ofrece. Tú vida no volverá a ser la misma de nuevo.
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