Lee Isaías 42:1–7
¿El plan original de salvación de Dios era sólo para el pueblo judío? ¿La extensión del evangelio a los gentiles fue una idea de último momento? Muchos de los líderes judíos de Jerusalén se molestaron cuando oyeron a Pablo declarar que la esperanza de Israel también se ofrecería a los gentiles (Hechos 28:28). Esto les sorprendió, pero extender la salvación a los gentiles nunca fue el Plan B de Dios.
El Antiguo Testamento habla numerosas veces de la inclusión de las naciones en la salvación que traerá el Mesías de Israel. Una ocasión notable es la promesa de Isaías 42:4, que dice que el siervo de Dios establecerá la justicia en la tierra y que “las costas lejanas” pondrían su esperanza en Su enseñanza. En el v. 6, Dios promete hacer de Su siervo “un pacto para el pueblo, como luz para las naciones”. El siervo prometido de Dios “abrir[á] los ojos de los ciegos”, “liberará de la cárcel a los cautivos” y “liberar[á] del calabozo a los que habitan en tinieblas” (v. 7).
¿Cómo sabemos que este siervo prometido es Jesús? Una prueba de ello es que Jesús afirmó cumplir estas promesas. Cuando Juan el Bautista envió mensajeros para preguntar “¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?”, Jesús respondió: “Vayan y cuéntenle a Juan lo que están oyendo y viendo: Los ciegos ven, los cojos andan, los que tienen alguna enfermedad en su piel son sanados, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncian las buenas noticias” (Mateo 11:4–6).
La humildad y la gentileza del ministerio del siervo se describen en los versículos 2 y 3. Esto coincide con la autodescripción de Jesús en Mateo 11:28–30. Él es “apacible y humilde de corazón”. Dios, que es el creador de toda la tierra y da aliento a todos los que están en ella, ha enviado a Jesús como un “pacto” para Su pueblo Israel, y como una “luz que ilumina a las naciones” (v. 6, véase Lucas 2:32).
- Si alguien te preguntara hoy: “¿Cuál es tu esperanza en la vida y en la muerte?”, ¿cuál sería tu respuesta?
Ora con nosotros
Señor de las naciones, en verdad eres la esperanza de toda la Tierra. Hablas palabras de vida y esperanza en medio de las pruebas y la tragedia. Llénanos con Tu Espíritu, capacítanos para vivir vidas que reflejen la verdad y el amor de Dios.
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