Lee Romanos 5:1–11 En Las crónicas de Narnia, Lucy abre la puerta de un ropero y descubre que es la entrada a la fantástica tierra de Narnia. Mientras pasa junto a los gruesos abrigos de invierno, sale del armario y entra a un paraíso invernal. En Romanos 5, el apóstol Pablo nos muestra cómo la fe puede ser una puerta que no abre a una realidad humanamente increíble. La fe no conduce a una tierra de fantasía, sino a nuestra posición real ante Dios. Es lo que Pablo llama gracia. La fe produce una cadena de experiencias que muestran cómo la gracia de Dios transforma a quienes han confiado en Cristo. Primero, la fe hace posible la paz con Dios (v. 1). Por Su sacrificio, Jesús eliminó la enemistad que fue creada por nuestra incapacidad de obedecer la ley de Dios (Efesios 2:15). En segundo lugar, nuestra nueva posición de gracia hace que, en ella, Dios nos conceda Su favor inmerecido como regalo. La gracia nos permite “regocijarnos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios” (Romanos 5:2). Aunque no la hemos alcanzado ya es gloria, la gracia de Dios nos asegura que seremos completamente restaurados. La justicia de Cristo nos da la confianza para presentarnos ante Dios en Su gloria y garantiza que algún día reflejaremos esa gloria. Por gracia, Dios transforma el sufrimiento en un taller donde aprendemos a perseverar. Esa perseverancia transforma nuestro carácter. Nuestro carácter transformado, a su vez, nos da motivos para tener esperanza al ofrecer evidencia concreta de que Cristo obra en nosotros. Dios valida aún más esta esperanza al derramar Su amor a través de la ayuda que nos da el Espíritu Santo. Así que, no solo conocemos a Dios, también experimentamos Su amor. Esa es la cadena de la gracia. La gracia lo cambia todo. La gracia de Dios en el presente nos da una razón para tener esperanza en el futuro. Si la sangre derramada de Cristo ya te ha dado una posición justa ante Dios, puedes estar seguro de que escaparás de la ira de Dios.
See omnystudio.com/listener for privacy information.



