Justos por dentro

Justos por dentro

Lee Romanos 2:17–29 En la mayoría de los dramas de televisión, la conclusión de la escena de un juicio suele ser muy dramática. Durante el interrogatorio final, el fiscal provocará al acusado para que se derrumbe y confiese su delito. En la vida real, por el contrario, esa dramática conclusión rara vez ocurre. La mayoría de los casos criminales se resuelven mediante negociaciones donde los abogados negocian un trato de culpabilidad fuera de la sala del tribunal.             En el pasaje de hoy, Pablo continúa enfocándose en aquellos que piensan que pueden ser justificados cumpliendo la ley de Moisés. Los interroga con la fuerza de un fiscal de televisión. Los versículos de la lectura de hoy describen la percepción interna de aquellos que Pablo tiene en mente. Son religiosos que “dependen de la ley”, conocen y aprueban la voluntad de Dios y están convencidos de que poseen la verdad (v. 17). De hecho, se creían calificados para proporcionar guía espiritual a otros.             Las respuestas implícitas a las preguntas de Pablo muestran que eran culpables de los mismos pecados por los que condenaban a otros. Dada la alta opinión que estos moralistas tenían de sí mismos, parece poco probable que hubieran estado de acuerdo con la evaluación de Pablo. Por eso, el apóstol presenta un testimonio irrefutable para testificar contra ellos: ¡Dios mismo! El versículo 24, cita la última parte de Isaías 52:5 de la traducción griega, conocida como la Septuaginta (algo similar se expresa también en Ezequiel 36:20–23). El punto de Pablo es que incluso la Biblia muestra que aquellos que tienen la ley no necesariamente la obedecen. La narración bíblica proporciona una amplia evidencia de que incluso aquellos que afirman la Ley de Moisés demuestran ser pecadores, al igual que el resto del mundo. La pregunta que debemos considerar hoy es: ¿Quién puede afirmar que tiene una relación con Dios? ¿La respuesta? Solo Dios puede convertir a alguien en parte de la familia de Dios. No se trata de la religión de tus padres o la de tu cultura, sino de una relación espiritual entre tú y Dios. El distintivo es la circuncisión “del corazón, la que realiza el Espíritu” (v. 29), no la que simplemente se profesa de labios afuera.

See omnystudio.com/listener for privacy information.

  • Buenas y malas noticias

    Buenas y malas noticias

  • El leccionario de Dios

    El leccionario de Dios

-
-
0:00
0:00