JOB: SIN DESCANSO

JOB: SIN DESCANSO

Lee Job 19:1–29

En la escuela secundaria jugué en el equipo de fútbol. Durante la temporada baja, el entrenador nos hacía levantar pesas. Tenía una regla estricta al levantar pesas. “Debes tener un compañero para asegurarte de que puedas quitarte el peso de encima del pecho si es necesario”.

Job buscaba a uno de sus amigos para que lo ayudara con el gran peso que Dios había puesto sobre él (v. 7). Sin embargo, se exaltaron por encima de él y usaron su humillación contra él (v. 5). Job había llegado a la conclusión de que Dios había causado deliberadamente la pérdida y el dolor en su vida. Aunque no estaba seguro del “por qué” Dios había hecho esto, estaba seguro de que Dios estaba enojado con él (v. 11). Como resultado, sus siervos (v. 15) y aún los niños pequeños (v. 18) le habían faltado el respeto. Incluso se había vuelto repulsivo para su esposa (v. 17).

Es fácil entender el dolor emocional de Job. Todo lo que quería era apoyo emocional genuino de sus amigos (v. 21). Es aquí donde Job giró su argumento. Primero, deseaba que sus palabras, que sus amigos despreciaban quedaran registradas para siempre (vv. 23–24). Desearía que pudiera oírme decir: “Job, fueron grabadas. Están en la Palabra de Dios por toda la eternidad”.

En segundo lugar, declaró que sabía que su Redentor vive y que un día lo vería con sus propios ojos (vv. 25–27). Job tenía conocimiento sobre el Redentor, Su venida y la propia resurrección de Job. A esto yo digo: “¡Amén, Job!”. Nuestro Redentor, Jesucristo vive. Él regresará por nosotros. Él ha asegurado nuestra resurrección. Lo veremos con nuestros propios ojos.

Job ha llevado a sus amigos (y a nosotros) a una lección de teología. En el capítulo 9, Job deseaba un árbitro. En el capítulo 16, Job sabe que tiene un abogado. Aquí declara, con confianza, que tiene un redentor. Si tan solo sus amigos escucharan.

  • ¿Cómo es Jesús nuestro Árbitro, Abogado y Redentor? ¿Cómo marcan la diferencia en nosotros cada uno de esos roles?

Ora con nosotros

Señor Dios, en verdad eres nuestro Abogado y Redentor. Job lo sabía y nosotros lo sabemos. Estamos seguros en Ti. “Dulce comunión la que gozo ya/en los brazos de mi Salvador”. (Showalter y Hoffman, 1887)

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