El que mucho recibe

El que mucho recibe

Lee Levítico 21:1–24

Después de que Peter Parker fuera mordido por una araña radiactiva y dotado de superpoderes para convertirse en Spiderman, su tío Ben le dio este memorable consejo: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Esto es similar a la declaración de Jesús de la parábola del mayordomo sabio: “A todo el que se le ha dado mucho, se le exigirá mucho” (Lucas 12:48).

A los sacerdotes en Israel se les dio mucho. Representaban al pueblo ante Dios en el Tabernáculo y podían entrar al Lugar Santo. Pero con los privilegios especiales vino un estándar de santidad más alto. La lectura de hoy describe tres áreas específicas donde los sacerdotes tenían mayores restricciones que el resto de Israel: rituales de duelo, posibles parejas matrimoniales y defectos físicos.

Los sacerdotes no podían hacerse ceremonialmente impuros en luto por cualquiera. Solo se les permitía esta práctica para parientes de sangre cercanos (vv. 1–4). El sumo sacerdote tenía un estándar aún más alto. No podía llorar públicamente por nadie (vv. 10–12). Esta práctica contrastaba fuertemente con otras culturas antiguas como Egipto. En estas culturas, el cuidado de los muertos era una preocupación primordial de los sacerdotes. Estas prohibiciones pueden haber ayudado a Israel a evitar caer en el culto a los antepasados.

Los sacerdotes también estaban restringidos en sus posibles cónyuges. Su cónyuge necesitaba representar la santidad de su posición y, por lo tanto, no podía haber estado casado anteriormente ni haberse dedicado a la prostitución (v. 7).

Así como los animales sacrificados tenían que estar físicamente completos, los sacerdotes también tenían que estarlo (vv. 16–21). No podían tener deformidades físicas para servir en el Tabernáculo. Aún los sacerdotes que no estaban a la altura de este estándar recibían provisión financiera junto con sus familias (vv. 22–23).

  • Alabado sea el Señor porque Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, que vivió perfectamente a la altura de las más altas normas morales durante Su ministerio terrenal (Hebreos 4:14–15). Él continúa sirviendo como nuestro Sumo Sacerdote en la presencia del Padre (Hebreos 10:12–13). Incluso ahora está santificando a Su pueblo que será Su novia en la cena de las bodas del Cordero (Apocalipsis 19:7–8).

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