Lee Job 3:1–26
En la película de Frank Capra de 1946, Qué bello es vivir, George Bailey se lamentaba de su vida. Cuando su tío aparentemente pierde el dinero de la caja de ahorros y préstamos, George no vio forma de reconciliar la situación. En un momento de profundo desánimo, le dijo a su ángel de la guarda, “hubiera sido mejor si nunca hubiera nacido”.
Después de que los amigos de Job se sentaron con él en silencio durante varios días, él les expresó su angustia. No sólo deseó no haber nacido nunca sino que maldijo el día de su nacimiento (v. 3). Él ansiaba que el día fuera eliminado del registro de días (v. 6). Retóricamente preguntó: ¿por qué no morí al momento de nacer? (v. 11). Mejor aún, ¿por qué no morí en el vientre de mi madre? (v. 16).
En capítulos anteriores, Job no había tenido tiempo de procesar todo lo que le había sucedido. Sin embargo, después de una semana de contemplación (2:13), comprendió la realidad de su situación. Aquí, procesa verbalmente los acontecimientos recientes de su vida y se pregunta: “¿Habrían sido mejores las cosas si no hubiera vivido?” Si no hubiera empleado a esos sirvientes, todavía habrían estado vivos. Si Job no hubiera tenido hijos, no habrían experimentado una muerte terrible. Si no hubiera vivido, no tendría problemas de salud.
En tiempos de grandes pérdidas, es natural plantearse preguntas de tipo “¿qué hubiera pasado sí?”. Sin embargo, estas preguntas no resuelven el dolor ni la pérdida. Nos señalan a Dios, quien nos recuerda que a pesar de la pérdida, somos muy valiosos para Él. El Salmo 139 nos recuerda: “Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre. ¡Te alabo porque soy una creación admirable!” (vv. 13–14).
- ¿Por qué le tomó tiempo a Job comenzar a expresar su dolor? ¿Alguna vez has sentido que no eres valorado? ¿Qué te recordó el valor que tienes para Dios?
Ora con nosotros
Señor Jesús, Tú nos has mostrado con Tu vida, muerte y resurrección lo que significa fidelidad. Tenemos valor gracias a Ti y nunca debemos desesperarnos por nuestras vidas. “Te alabaré, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho” (Salmos 139:14 LBLA).
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