En 1997, el músico y autor Michael Card lanzó un álbum completo sobre el Libro del Apocalipsis. Titulado Unveiled Hope (Esperanza descubierta), el álbum incluye canciones como “To the Overcomers” (A los que vencedores), “The Song of the Lamb” (El canto al Cordero) y “The New Jerusalem” (La nueva Jerusalén). Su propósito principal es celebrar la finalización del plan de redención de Dios y la victoria final de Cristo.
Pablo no mantuvo a los tesalonicenses en suspenso sobre lo que sucedería durante el Día del Señor. Los días del hombre de maldad estaban contados: ¡Cristo lo vencería fácilmente! (v. 8). El apóstol también les recordó su enseñanza sobre estos asuntos durante el poco tiempo que había estado con ellos en persona (v. 5). Esto agregó un toque auténtico a la carta, ya que nadie más habría podido hacer esa afirmación.
Si el hombre de maldad aún no ha llegado, ¿por qué no? Algo o alguien está frenando el mal y retrasando su venida (vv. 6–7). Hay varias teorías sobre esto, pero lo más probable es que Pablo se refiriera al Espíritu Santo. El “misterio de la maldad” o el pecado ya está obrando en el mundo, pero el Espíritu lo mantiene bajo control. Es misterioso solo en el sentido de que la fuente y el alcance de su poder (Satanás) aún no se ha revelado por completo. En el momento apropiado en el plan de Dios, el Espíritu será “quitado de en medio”. Esta parece ser otra indicación del rapto, ya que la salida de los creyentes también sería un buen momento para la salida del Espíritu.
Entonces el hombre de maldad dará un paso adelante y ganará prominencia a través de “toda clase de milagros, señales y prodigios falsos” (vv. 9–12). Los incrédulos que han rechazado la verdad del evangelio estarán listos para su engañosa cosecha. ¡Aquellos que se deleitan en la maldad se ganarán plenamente su condenación!
- La escatología, o la doctrina de los últimos días, puede ser difícil de entender. Si continúas con un estudio adicional de la enseñanza de la Biblia sobre los últimos tiempos, te recomendamos el comentario sobre 1 y 2 Tesalonicenses de John Walvoord y Mark Hitchcock.
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