Lee 1 Juan 5:13–17
Nuestras ansiedades acerca de la oración generalmente surgen de la misma cuestión. No es acerca de lo que Dios puede hacer. Es acerca de lo que Dios hará. El temor de que Dios nos ignore está en el centro de la mayoría de nuestras preocupaciones sobre la oración. No queremos ser ignorados ni nuestros deseos rechazados. Tenemos miedo de que al final, a pesar de lo que Jesús nos dijo, Dios realmente resulte ser como el juez injusto de la parábola (Lucas 18:1–9).
En contraste con este temor, Juan hace dos promesas asombrosas y relacionadas en el pasaje de hoy. Juan dice que Dios nos escucha si le pedimos algo que esté de acuerdo con Su voluntad. Si Dios nos oye, nuestra petición será concedida (v. 14). Esta confianza nos motiva a acercarnos a Dios con valentía en oración. Sin embargo, sabemos por experiencia que esto no puede ser una garantía de que siempre obtendremos lo que queremos cuando oramos. “La oración no es una máquina”, observó C. S. Lewis. “No es magia. No es un consejo ofrecido a Dios”.
La clave de si Dios concede o no nuestras peticiones no radica en la manera que usamos las palabras o incluso en el grado de confianza que tenemos de que Él puede hacer lo que le pedimos. El factor determinante tiene que ver con el propio plan de Dios. El objetivo fundamental de la oración no es lograr que Dios esté de acuerdo con nosotros y siga nuestra agenda. En cambio, el objetivo de la oración es someter nuestros corazones hasta el punto en que estemos de acuerdo con Dios. Es el espíritu reflejado en las palabras de Cristo cuando oró, “pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).
- Estas palabras son más fáciles de orar que de aceptar. Solo podremos orarlas genuinamente cuando creamos la promesa de 1 Juan 5:14 de que Dios realmente nos escucha. Él sabe lo que necesitamos. Podemos confiar en Su respuesta.
See omnystudio.com/listener for privacy information.



