EL AMOR DE UNA MADRE

EL AMOR DE UNA MADRE

Lee 1 Samuel 2:12–26

Mientras escribo estas palabras, mi esposa y yo esperamos el nacimiento de nuestro quinto hijo. Para cuando leas este devocional, si Dios quiere, tendrá cuatro meses. Cada nacimiento que he presenciado ha sido nada menos que un milagro. Y cada vez quedo asombrado por la belleza del amor de una madre.

La mayoría de nosotros estamos familiarizados con la oración de Ana por un hijo en 1 Samuel 1, incluido su encuentro con el sacerdote Elí y la concesión de Dios a su oración. ¿Pero qué pasó después? Ana quedó embarazada y tuvo un hijo. Después de que destetaron al niño, lo que podría haber sido alrededor de los tres años, Ana cumplió su promesa. Llevó a su hijo Samuel junto con una ofrenda especial al Tabernáculo en Siló, y le dijo a Elí: “Se lo entrego al SEÑOR. Mientras el niño viva, estará dedicado a él” (1 Samuel 1:21–28). La oración de gratitud y dedicación de Ana es uno de los puntos culminantes de los libros históricos del Antiguo Testamento (1 Samuel 2:1–11).

¿Y luego? La vida continuó. Ana y Elcaná regresaron a casa. Samuel se quedó con Elí quién lo cuidó y enseñó, aun cuando sus propios hijos eran perversos (vv. 12–17, 22–25). La familia de Samuel lo visitaba una vez al año, para la fiesta de los Tabernáculos. Aunque Ana fue bendecida con cinco hijos más (v. 21), su primogénito permaneció en su mente. Cada año ella le hacía una “pequeña túnica” para sus deberes en el tabernáculo (v. 19), haciendo lo mejor que podía para estimar cuánto había crecido desde el año pasado.

“Samuel crecía en la presencia del SEÑOR…[él] seguía creciendo y ganándose el aprecio del SEÑOR y de la gente” (vv. 21, 26). Este resumen tuvo más tarde eco en la narrativa del crecimiento y desarrollo de Jesús (Lucas 2:52).

  • Los versículos 21 y 26 podrían ser la meta de todo padre creyente para sus hijos. ¿Cómo podemos criar hijos e hijas piadosos en medio de una cultura mundana?

Ora con nosotros

La oración de Ana es un ejemplo conmovedor del amor de una madre. Señor, elevamos a Ti a los niños de nuestras vidas y te pedimos Tu protección y guía. “Por este niño oraba, y el Señor me ha concedido la petición que le hice” (1 Samuel 1:27 LBLA)

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