Lee Efesios 5:1–20
Según Tertuliano, el teólogo del norte de África que vivió entre 160 y 220 d. C., la iglesia primitiva era conocida por su amor. Pablo dice lo mismo en el pasaje de hoy, donde da varias características de quienes siguen el ejemplo de Dios como hijos muy amados (v. 1). Sobre todo, los cristianos son conocidos por su amor al imitar la vida sacrificial de Cristo (v. 2).
En los versículos 3–20, Pablo explica en detalle cómo debe ser este estilo de vida. Es una vida de pureza moral. Los que pertenecen a Cristo deben abstenerse de la inmoralidad sexual o cualquier tipo de impureza: “ni una pizca” (v. 3). No solo se deben evitar los actos inmorales, sino también los pensamientos y deseos que los alimentan. Los seguidores de Cristo deben alejarse de la codicia. Esto incluye no sólo el deseo desmesurado de dinero. La avaricia es un modo particular del pecado más general de la codicia, un deseo por cualquier cosa que pertenezca a otro (ver Éxodo 20:17; Deuteronomio 5:21).
La pureza cristiana se refleja tanto en nuestras palabras como en nuestras acciones. En lugar de lenguaje vulgar y bromas groseras, el discurso cristiano debe estar marcado por la acción de gracias (v. 4). Los seguidores de Cristo deben animarse unos a otros a expresarse en la adoración (vv. 19–20).
El apóstol llamó a los efesios a romper claramente con su estilo de vida anterior porque era incompatible con los valores del reino de Cristo (vv. 5–7). Su llamado no era solo conocer la luz sino ser luz (vv. 8–14). Vivir una vida así no sucede automáticamente. Requiere sabiduría y poder. La sabiduría viene de entender la voluntad del Señor (v. 17). El poder de vivir una vida nueva proviene del poder transformador del Espíritu Santo (v. 18).
- ¿Eres cuidadoso en la forma en que vives? Pon atención para no caer en viejas maneras de pensar, hablar y actuar, indignas de los que profesan ser de Jesucristo.
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