DIOS NO TIENTA

DIOS NO TIENTA

Lee Santiago 1:12–15

“Sólo aquellos que tratan de resistir la tentación saben cuán fuerte es”, escribió C. S. Lewis en Mero cristianismo. “[Cristo] fue el único hombre que nunca cedió a la tentación, es también el único hombre que sabe a fondo lo que significa la tentación, el único que es completamente realista”.

Saber que Jesús entiende completamente la tentación es de gran ánimo para nosotros como Sus seguidores. Y aunque Jesús la entiende desde dentro, porque la ha experimentado, también tenemos la seguridad de que Dios nunca nos tienta directamente. Su perfecta santidad no lo permitirá. Necesitamos recordar la verdad de que la tentación no viene de Dios (v. 13), sino de nuestra propia naturaleza pecaminosa, el mundo y el diablo.

El proceso interno de ceder a la tentación se describe utilizando imágenes vívidas. La primera descripción es violenta: “Sus propios malos deseos lo arrastran y seducen” (v. 14). Los comentaristas señalan que este es el lenguaje de la caza o la pesca. Cuando somos tentados, somos atraídos o atrapados por nuestros propios deseos pecaminosos. La tentación es el cazador; nosotros somos la presa. Cuando cedemos, somos atrapados y arrastrados al pecado. Somos como un conejo atrapado en una trampa.

La segunda descripción es una metáfora del nacimiento: “Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte” (v. 15). La tentación puede ser un acontecimiento, como en la primera metáfora, pero también puede ser un proceso. En el versículo, “el deseo” indica el comienzo de la tentación, “el pecado” es la elección equivocada y “la muerte” es la consecuencia. Aunque ser tentado no es en sí mismo un pecado, ciertamente no es algo con lo que se pueda jugar. José comprendió y actuó según este principio cuando fue tentado por la esposa de Potifar para que cometiera adulterio (Génesis 39). ¡Huyó para salvar su vida espiritual!

  • ¿Cómo nos ayuda Romanos 8:31 a protegernos de la tentación? Reflexionemos sobre este versículo y pensemos en memorizarlo.

Ora con nosotros

El pasaje de Santiago de hoy es un recordatorio sombrío del poder seductor del pecado. Padre amoroso, abre nuestros ojos y oídos para discernir el bien del mal y seguir Tu camino. Espíritu Santo, gracias por Tu presencia que nos guía a la rectitud.

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