Diferencias aceptables

Diferencias aceptables

Lee Romanos 14:1–12

Mi padre era fanático de la música jazz. Si me quejaba, generalmente respondía con la frase en latín: De gustibus non est disputandem, que hemos popularizado con el refrán: “Sobre gustos no hay nada escrito”. Si bien una persona tiene un gran amor por el jazz, es posible que otra solo escuche música clásica. Todo depende de su gusto personal.

            Sin embargo, las diferencias mencionadas en la lectura de hoy no eran simplemente cuestiones de buen o mal gusto. Eran importantes cuestiones de conciencia. Pablo aborda debates específicos que tienen que ver con la comida. Mientras que la fe de una persona le permitía comer de todo, otra solo comería verduras (v. 2). Otros discutían sobre que días religiosos había que celebrar (v. 5). No sabemos bien la naturaleza exacta de estas diferencias, excepto que eran cuestiones litúrgicas y de comida. En la ciudad de Corinto, por ejemplo, había diferencias sobre si los cristianos debían comer carne que había sido sacrificada a los ídolos (1 Corintios 8:4). Algunos en las iglesias de la provincia de Galacia no estaban de acuerdo con observar ciertos días sagrados. Mientras estas diferencias no comprometieran el evangelio, Pablo aconsejó tolerancia (Romanos 14:3).

            Sin embargo, Pablo señala que esto no significa que cada diferencia de opinión sea simplemente una cuestión de gusto personal. Algunos en Corinto habían cruzado la línea al ejercer su libertad de una manera que hacía que otros violaran su conciencia (1 Corintios 8:9–11). Los de Galacia, por su parte, probablemente habían adoptado celebrar el calendario judío y exigían que los gentiles cristianos hicieran lo mismo. Pablo vio esto como una forma de esclavitud a la ley (Gálatas 4:9–10). De nuevo, se trata de actuar con amor, valorando a los demás por encima de nuestra propia preferencia personal.

  • ¿Cómo influye en nuestros gustos y preferencias el amar al prójimo? Si amamos a los demás, deberíamos considerar cómo nuestras acciones los afectan. No debemos mirar con desprecio a quienes difieren de nosotros cuando se trata de una cuestión de conciencia personal. La ley del amor puede incluso requerir el limitar nuestra libertad personal por el bien de otros (1 Corintios 8:13).

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