Lee 2 Pedro 3:1–13
A algunas personas no les gusta hablar del fin del mundo . . . es demasiado deprimente. Y tienen razón. La Biblia no enseña que las cosas mejorarán cada vez más. Dice justo lo contrario. Pero la perspectiva bíblica no es pesimista. Está llena de esperanza porque enseña que, al final, Dios traerá un nuevo mundo.
Los que estamos esperando el cielo y la tierra nuevos podemos impacientarnos. De hecho, en el pasaje de hoy, Pedro advierte que los incrédulos malinterpretarán la espera como prueba de que Dios no existe (vv. 3–4). Pero lo que se siente como un retraso es evidencia de que el tiempo de Dios es muy diferente al nuestro (v. 8). Y más importante, es una señal de la paciencia de Dios. En las Escrituras, “el día del Señor” es una designación frecuente para un tiempo de juicio (ver también Isaías 13:6, 9; Ezequiel 30:3; Joel 1:15). En el versículo 10 se refiere al juicio final, que será anunciado por el regreso de Cristo. En seguida, vendrá la creación de un cielo nuevo y una tierra nueva.
La perspectiva de Pedro no es pesimista. Él no está diciendo, “ya que no puedes mejorar la situación, no te molestes en hacer nadar”. Su mensaje es todo lo contrario. Dado que el fin vendrá de esta manera, debemos esforzarnos “para que Dios los halle sin mancha y sin defecto, y en paz con él” (v. 14). Así como Jesús es la única esperanza para el mundo venidero, Él es la única esperanza que tenemos para ser hallados inocentes y sin mancha ante Dios. Si Dios no parece tener prisa por terminar las cosas, es porque está proporcionando espacio para que aquellos que aún no se han entregado a Cristo se arrepientan y crean.
- En estos días en que el bien y el mal a menudo se confunden, debemos continuar dirigiendo a la gente a Jesús. Solo Jesús es la respuesta al problema del pecado de la humanidad y nuestra única esperanza de justicia. Si aún no lo has hecho, entrégate con fe a Él hoy.
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