Lee 1 Juan 4:19–21
¿Recuerdas tu primer amor? ¿Tal vez estabas en la escuela primaria? A veces, los niños envían notas tratando de averiguar qué siente por ellos la persona que les gusta. “¿Te agrado?” preguntarán. Antes de declarar su “amor”, quieren estar seguros de que será correspondido.
Juan nos dice que Dios nos amó primero, no al revés. La lectura de hoy es el final de una “unidad de pensamiento” en la epístola y presenta tres verdades importantes. Primero, “nosotros amamos porque él nos amó primero” (v. 19). Estábamos espiritualmente muertos en nuestros pecados, incapaces de ayudarnos a nosotros mismos de manera alguna. Dios tomó la iniciativa para salvarnos. La única razón por la que podemos amar a Dios y a los demás es porque Dios nos amó primero. La implicación, entonces, es que debemos amar como Él ama, no porque las personas lo ganen o lo merezcan, sino con sacrificio e incondicionalmente. Este amor está motivado y fortalecido por el amor de Dios.
La segunda verdad en este pasaje es que no podemos pretender amar a Dios y odiar a nuestros hermanos y hermanas en Cristo (v. 20). Cualquiera que lo haga es un “mentiroso” y un hipócrita. Sus palabras y acciones no coinciden. Lógicamente, si no aman a las personas que pueden ver, ¿cómo pueden amar a Dios a quien no ven? Si verdaderamente amamos a Dios, amaremos a otros en la familia de Dios.
La tercera y última verdad expresada aquí fluye de la segunda: Debemos amar a nuestros hermanos y hermanas en Cristo (v. 21). Dios lo ordena. La dimensión vertical (dirigida hacia Dios) y la horizontal (dirigida hacia las personas) del amor no pueden separarse. Deben vivirse juntas. El amor de Dios por nosotros debe rebosar hacia los demás (1 Tesalonicenses 3:12).
- ¿Saben las personas en tu vida que las amas? Considera tomarte un tiempo hoy para escribir una nota que exprese tu amor y cuidado por una persona en tu vida. Hacerlo en un día regular lo hará muy especial.
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