Una fe cómoda

Por Gerson García


Crecí en los últimos años del franquismo, cuando España vivía bajo la ilusión de una identidad uniforme: todos católicos, todos españoles, todos de acuerdo. Pero en mi casa se hablaba catalán, éramos protestantes, y sabíamos que esa “unidad” era una mentira construida sobre el silencio forzado de millones.

Cómo te imaginarás, esa experiencia me marcó profundamente. Me enseñó que cuando el poder y la religión se abrazan demasiado fuerte, alguien queda excluido y, trágicamente, quienes pagan el precio son siempre los más vulnerables.

En estos días, lejanos de mi infancia, en otras tierras y con otras maneras de entender el mundo, me encuentro reviviendo esos desafíos de mi temprana juventud. Las noticas nos hablan de trágica violencia política, de leyes discriminatorias y crueles, de grandes desigualdades económicas, de guerras y amenaza de guerras.

Por eso me impacta lo que dice Amós 8. Israel vivía su mejor momento económico bajo Jeroboam II: expansión territorial, comercio próspero, templos llenos. Todo parecía perfecto, pero, en realidad, era una canasta de fruta “a término”; lista para tirar a la basura.

Y es que esa prosperidad se construía sobre la explotación de los pobres. Los ricos “vendían a los pobres por un par de sandalias” mientras salían corriendo del templo para volver a sus negocios turbios. Habían convertido su fe en una religión cómoda que justificaba la injusticia.

La respuesta de Dios es escalofriante: “Vendrá hambre… no de pan, sino de oír mi palabra”. En este caso, el peor juicio no es la pobreza o la guerra, sino el silencio de Dios cuando una sociedad confunde prosperidad con bendición divina.

Hoy, desde mi experiencia como alguien que conoce el peligro de los silencios impuestos, me pregunto: ¿estamos demasiado cómodos? ¿Nuestra fe cuestiona las injusticias o las justifica?

Miqueas 6:8 nos lo recuerda: Dios quiere justicia, bondad con los débiles y humildad. Una fe que no se incomoda ante la injusticia, probablemente no sea fe en absoluto.

Tú y yo somos Iglesia, el cuerpo de Cristo en este mundo—su presencia física hoy. Cuando guardamos silencio ante la injusticia, no solo fallamos a los vulnerables; silenciamos la voz misma de Jesús. Esa “hambre de oír la palabra del Señor”, no es porque Dios se aleje. Pudiera ser, más bien, que su iglesia ha enmudecido.

Nuestra lealtad y responsabilidad trasciende partidos y gobiernos. Somos llamados a ser la voz de Cristo—una voz que siempre defendió al marginado, cuestionó a los poderosos y proclamó justicia. Cuando la iglesia se acomoda al sistema, el mundo pierde la oportunidad de escuchar lo que Jesús tiene que decirle.


Gerson García | Gerente de Radio Moody

Gerson es licenciado en Ciencias de la Comunicación por Moody Bible Institute, y Masters en Teología por McCormick Theological Seminary y estudios graduados en The Lutheran School of Theology en Chicago. Es colaborador de Ministerio Reforma y ComunicadoresOnLine. Gerson tiene larga experiencia como productor de audio y capacitador profesional en Estados Unidos y América Latina.

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