Soy filipino y mi esposa es de Aguas Calientes, México. Aunque nuestros países están muy distantes geográficamente, nuestras culturas no lo están. A ambos nos encantan las parrilladas familiares, karaoke, fútbol y sobre todo…el boxeo.
Crecí viendo mucho boxeo. Disfruto observar y aprender sobre el deporte. Mis boxeadores favoritos son Ali, Chávez, Tyson, Holyfield, De La Hoya, Pacquiao y sí, incluso Márquez.
Hay dos lecciones para la vida que aprendí del boxeo: (1) Un boxeador de nivel mundial debe tener un fuerte juego mental para llegar hasta el final. (2) Los mejores luchadores pueden recibir 2 o 3 “super golpes” de su oponente y luego contraatacar con un solo golpe concentrado que desanima y desorienta a su oponente. Con esas dos características los golpes en la lucha parecen no afectar al buen deportista.
Mientras escribo y recuerdo esto, estoy experimentando unos grandes “derechazos”, esos “super golpes” personales del enemigo. Recibí un gancho directo cuando nuestra casa se inundó hace casi un año con gran pérdida material y financiera. Esa ha sido mi lucha por los últimos meses. ¿Cuál es la tuya?
En 1 Corintios 9:25-27 el apóstol Pablo entendió el origen de las luchas de la vida y ofreció una tremenda perspectiva que se parece mucho a la disciplina del Boxeo:
Todos los deportistas se entrenan con mucha disciplina. Ellos lo hacen para obtener una corona que se echa a perder; nosotros, en cambio, por una que dura para siempre. Así que, yo no corro como quien no tiene meta; no lucho como quien da golpes al aire. Mas bien, golpeo mi cuerpo y lo domino, no sea que después de haber predicado a otros, yo mismo quede descalificado.
Pablo se refería en este texto a los Juegos Ístmicos, que eran similares en el primer siglo de nuestra era a lo que hoy en día son los Juegos Olímpicos. En lugar de ganar una medalla, cada atleta competía por una corona hecha de hojas de laurel que eventualmente se marchitaba y perecía. Particularmente la lucha, o el boxeo de entonces, podía resultar fácilmente en daño físico permanente o incluso la muerte. Muchos boxeadores murieron y sabían que la muerte podría ser el resultado de perder.
Entonces, ¿qué está diciendo Pablo aquí? Nos dice sencillamente ¡pelea una guerra espiritual golpeando el objetivo para evitar la muerte espiritual! La técnica para tal lucha es el autocontrol -que un luchador conoce bien- que pone nuestros cuerpos físicos en sumisión piadosa para un triunfo espiritual. El premio, finalmente no es perecedero. Es la vida eterna, que nuestro campeón, Jesucristo, obtuvo en la cruz y que preserva y guarda nuestra alma.
Entonces, ¿qué está diciendo Pablo aquí? Nos dice sencillamente ¡pelea una guerra espiritual golpeando el objetivo para evitar la muerte espiritual! La técnica para tal lucha es el autocontrol -que un luchador conoce bien- que pone nuestros cuerpos físicos en sumisión piadosa para un triunfo espiritual. El premio, finalmente no es perecedero. Es la vida eterna, que nuestro campeón, Jesucristo, obtuvo en la cruz y que preserva y guarda nuestra alma.
Por tu parte, con tal victoria y protección te toca luchar de tres formas poderosas, bajo la guía del Espíritu Santo. (1) Aliméntate de la Palabra. Deja lo que crees que satisface (entretenimiento, sustancias, drogas, alcohol) y nútrete de la Palabra de Dios cada día para que continues creciendo y fortaleciéndote. (2) Cuida tu cuerpo, “templo del Espíritu Santo”. Detén todo pecado sexual y lujuria. Sé fiel a tu cónyuge. Haz que tu cuerpo también honre a Dios. (3) No dejes que el afán por lo material y el dinero te controlen. Si te distraes con los negocios de este mundo, ¡lucharás contra el aire! Somete tu mente a las cosas de arriba y ama a Dios sirviéndole con tu tiempo, talentos y tesoros.
Como Gerente Nacional de Operaciones para Radio Moody, podría pensarse que mi trabajo, altamente técnico entre equipos, cables, códigos y programación, poco o nada tiene que ver con el ministerio de llevar el evangelio. Sin embargo, cada día de servicio es verdaderamente un acto sobrenatural de la providencia divina. En esta pelea diaria, por servir al Señor, a mi familia, a mis vecinos y a millones de oyentes y usuarios, parece que tengo más derrotas que victorias… ¡sin embargo, Dios usa a “los de corazón quebrantado”! En Su misericordia y bondad elige a personas como yo para resaltar Su poder y gloria. Así jamás quedará duda alguna que todas las victorias le pertenecen al Señor.
Si sometemos toda nuestra vida a la autoridad de Cristo… ¡el enemigo será derribado y venceremos en el nombre de Jesús!

Gerente Nacional de Operaciones para Radio Moody, donde supervisa la infraestructura de equipos, sistemas y redes para la distribución de contenidos. Graduado de UCLA, su larga carrera lo ha llevado a trabajar para uWink, Air1 Media y EMF Broadcasting, entre otros. Vive en el área metropolitana de Chicago, junto a su esposa y a sus cuatro hijos.

