Mi historia es como la de muchos inmigrantes, una historia de desafíos, oportunidades, dificultades y triunfos. Llegué a Estados Unidos hace algunas décadas, procurando siempre mejorar la calidad de mi vida. Desde que llegué traté de estudiar, aprender el idioma inglés e integrarme en mi nuevo país. Como suele suceder, el desarraigo de lo conocido hacia nuevas situaciones, valores, cultura y entendimiento de las cosas se me hacía muy difícil. En muchas ocasiones, sentí que no había progreso, que no aprendía cosa alguna. Aún siento que mi nuevo idioma inglés es todo un desafío.
A pesar de tener un título universitario de Honduras, mi país de origen, nunca pude ejercer mi carrera hasta recientemente. Me dediqué a ser mamá de tiempo completo, complementándolo ocasionalmente con alguna tarea temporal fuera de mi ámbito profesional.
En todo ese tiempo Dios estuvo usando personas cercanas a mí que sugirieron solicitara empleo en el Instituto Bíblico Moody. Me animaban, asegurándome que había puestos de trabajo donde yo podía desarrollarme profesionalmente y servir, en esa capacidad, a Jesucristo y a Su Iglesia. A pesar de todo ese ánimo, me sentía inadecuada para ese llamado, presentando mil y una excusas.
Pronto empecé a entender que mis miedos e inseguridades eran más fuertes que mi confianza en un Dios Poderoso que se deleita en convertir lo imposible en posibles y lo débil en fuerte. Curiosamente, también empecé a entender que el llamado a servir al Señor es, con frecuencia, muy inconfortable. Tuve que confesar que la comodidad y la conformidad eran mi prioridad. Estaba viviendo mi vida sin mucha dirección, con pocas expectativas personales, pocas metas y aún menos deseo de involucrarme en los desafíos de servir con mis capacidades profesionales al Señor.
Por la gracia y misericordia de Dios, Su Espíritu me llenó de valor para aceptar los nuevos e incómodos desafíos que Dios estaba trayendo a mi vida. Solicité empleo, fui a la entrevista, negocié mi salario y, para mi gran sorpresa, fui aceptada. Ahí supe inmediatamente que Dios poderoso había hecho lo que yo, por mis fuerzas y pobre entendimiento creía imposible. Dios me demostró que Él decide sobre mi vida y yo tan solo debo dejarme llevar.
Me imagino que quizás en tu experiencia, seas inmigrante o no, habrás pasado por situaciones similares. Una y otra vez el Señor nos recuerda que Sus pensamientos jamás se compararán con mis pensamientos chiquitos y limitados por que sus planes son inimaginablemente mejores que los míos.
No creas que a partir de ese momento fue todo un camino fácil sin obstáculos. Aún hay días en los que me asaltan temores o en los que comienzo mi jornada con grandes desafíos que parecen insalvables. Creo que ahora entiendo mejor a Moisés con su miedo de hablar ante el faraón. También en esos momentos recuerdo que mis habilidades, las que me parezcan buenas o malas, grandes y pequeñas, las habilitó el mismo Señor que me creó.
Al final, Dios nos ha dado a cada uno de los que Cristo ha traído a Su familia, un espíritu de poder y de dominio propio. Espero que, tanto para ti como para mí, cada día sea una oportunidad de mostrar al Señor y Su poder en nuestra debilidad. Después de 6 años mi trabajo aún es un reto, pero también una oportunidad de seguir creciendo espiritual y profesionalmente.
Doy gracias a Dios por manifestar Su infinita Gracia en cada área de mi vida y permitirme servirle en Radio Moody.

Dania Yanes
Original de Honduras, es Gestora de Contenidos Digitales en el departamento de Comunicación Corporativa y Mercadeo del Instituto Bíblico Moody. En la actualidad es parte del equipo técnico de Hoy en La Palabra y mantiene al día la web de Radio Moody y sus redes sociales. Tiene grados de Licenciatura en Marketing Internacional por la Universidad Tecnológica de Honduras (UTH). Está activa sirviendo en su iglesia local de Chicago, ciudad donde también reside. Es madre de dos hijas y está casada con el cantante cristiano Arnold “Vino Nuevo” Yanes.

